Elecciones en EU toman la agenda pública con el miedo de repetir 2016

Las elecciones presidenciales que Estados Unidos celebrará el próximo 3 de noviembre empezaron a robarse el escenario principal dentro de la agenda pública, pero las señales que hasta ahora ha enviado el clima político de ese país lucen muy similares a las de cuatro años atrás.

Conforme múltiples estados empiezan a retomar sus actividades tras el cierre de operaciones ocasionado por el brote de la epidemia del coronavirus SARS-CoV-2, los cruciales comicios que se llevarán a cabo dentro de cinco meses han estado cada vez más presentes en las primeras planas de los medios estadounidenses.

     Así, este proceso electoral parece que podría ser tan dramático como lo han sido muchos otros caminos a la Casa Blanca en el pasado.

Las elecciones presidenciales estadounidenses son más complejas que las de Latinoamérica derivado de las diferencias en los sistemas electorales. En Estados Unidos el resultado se determina a través de los votos de un colegio electoral cuyos representantes incorporan los resultados que cada candidato obtuvo en cada estado –aquel con mayoría gana toda la entidad y, con ello, todos los votos de ese estado en el colegio electoral.

elecciones en EUDe esta forma cada cuatro años los estadounidenses ven cómo cada uno de los dos candidatos enfoca sus esfuerzos en aquellas entidades, conocidas como estados columpio o swing states, que suelen modificar sus preferencias y a veces votan por el candidato republicano, mientras en otras lo hacen por el demócrata.

De ahí que pocos pongan atención a estados que siempre han votado por el candidato republicano, como el caso de Texas, o por el demócrata, como cada cuatro años lo hace California, mientras que estados como Wisconsin, Florida, Ohio o Michigan roban la atención de quienes están ávidos por saber por quién se inclinarán en esta ocasión.

Así como el día de las elecciones los swing states roban la atención de los medios, durante todo el proceso electoral se roban la atención de las casas encuestadoras, las cuales a pesar de las restricciones por la epidemia del coronavirus, empiezan a lanzar sus redes para ofrecer las primeras estimaciones sobre lo que sucederá en noviembre.

A su vez, los lectores de esos resultados estarán ansiosos por ver cómo luce el camino hacia la Casa Blanca de este año: para nadie es un secreto que muchas personas, dentro y fuera de Estados Unidos, la idea de cuatro años más con Donald J. Trump en la Oficina Oval suena como una catástrofe.

Fantasmas de elecciones pasadas

Hasta ahora, las encuestas parecen satisfacer las primeras necesidades de quienes esperan ver un cambio de aires en la Casa Blanca.

El índice de aprobación del presidente Trump se encuentra en 39 por ciento y 58 por ciento de los encuestados desaprueba su gestión, de acuerdo con el portal Political Polls, mientras que en los estados decisivos para la elección su popularidad no luce nada favorable.

De acuerdo con un promedio de encuestas elaborado por el mismo portal, en Michigan, el candidato Demócrata Joe Biden tiene una ventaja de 4.2 puntos sobre Trump, mientras que en Pensilvania lo rebasa por 4 puntos.

     “Si no hay un consenso al menos hay una pregunta emergente acerca de si el presidente Trump ha alcanzado un punto de inflexión en su presidencia del cual ya no podrá recuperarse”,

escribió Josh Marshall, el editor del portal político Talking Points Memo, en una editorial reciente.

El exvicepresidente Biden surgió de manera inesperada dentro de las elecciones primarias del Partido Demócrata justo cuando el brote de la epidemia del Covid-19 empezaba a intensificarse.

Si bien Biden, el favorito del establishment demócrata, había iniciado con el pie izquierdo las primarias, viendo como su contendiente Bernie Sanders robaba toda la atención del público y los primeros puntos en estados como Iowa, poco a poco fue recuperando terreno y atrayendo el foco de los medios.

A partir de las primarias de Carolina del Norte y del Sur, Biden logró dar vuelta a los resultados y fue viendo cómo sus contrincantes –desde Elizabeth Warren hasta el mismo Sanders– salieron de la contienda. Finalmente, el exvicepresidente obtuvo el apoyo público, o endorsement, de muchos de ellos como Kamala Harris o Amy Klobuchar, y finalmente de Sanders y de personalidades de su mismo partido como el expresidente Barack Obama.

Elecciones en EU

Ese primer espaldarazo de sus copartidarios junto con la ebullición de la epidemia y la mediocre actuación de Trump en medio del caos, fueron situando a Biden dentro del imaginario político estadounidense, pese a muchas críticas acerca del distanciamiento con el público durante la crisis.

El punto cumbre para Biden llegó hace pocos días, una vez que la epidemia estaba empezando a disiparse en algunos estados y a controlarse en otros, el asesinato de George Floyd, un hombre afroamericano que estaba bajo custodia de la policía de Minneapolis, Minnesota, encendió el descontento social y desató una ola de protestas en diversas ciudades de Estados Unidos y en otros países como Inglaterra e incluso México.

Así como con el manejo de la epidemia por el Covid-19, otra vez el deficiente manejo de la crisis por parte de Trump, quien una vez más falló en buscar una reconciliación nacional y optó por esconderse en un bunker de máxima seguridad mientras las protestas se intensificaban en Washington, terminaron por lanzar la candidatura de Biden a los números que se observan ahora.

Elecciones en EU

Además de Michigan y Pensilvania, Biden adelanta a Trump por 3.4 por ciento en Florida y Wisconsin, así como en Arizona por 2.8 y en Ohio por un punto, de acuerdo con Political Polls.

Incluso en Iowa, un estado que ha cambiado de partido en varias elecciones, pero en el cual Trump derrotó por una amplia ventaja a Hillary Clinton en 2016, el presidente parece no tener nada seguro: el portal estadounidense Politico reportó que la cerrada contienda en esa entidad ha impulsado a la campaña de Trump a gastar al menos 300 mil dólares en publicidad en televisión, mientras que el partido demócrata ha duplicado al republicano en registros para votar durante el último mes.

De hecho, el mismo Trump parece empezar a resentir esos vientos políticos adversos de cara a los comicios de noviembre. Hace unos días el presidente demostró su resentimiento en su cuenta de la red social Twitter.

“Si no fuera porque me han acosado constantemente por tres años por investigaciones faltas e ilegales, Rusia Rusia Rusia y la farsa del juicio político, estaría 25 puntos por arriba de” Biden, tuiteó Trump en referencia a las investigaciones por sus presuntos vínculos con Rusia y el pasado juicio que enfrentó en el Congreso. “¡¡¡Muy injusto, pero es lo que es!!!”.

Elecciones en EU

Así, la contienda luce hoy establecida en un piso más parejo al que podría haber estado hace seis meses, cuando la economía estadounidense estaba en un estado boyante y la tasa de desempleo no alcanzaba cifras de dos dígitos.

Datos

No obstante, un panorama incluso mejor vislumbraba después del verano de 2016, cuando Trump y Clinton fueron confirmados como los candidatos presidenciales de sus respectivos partidos políticos.

Desde entonces Clinton lideró la gran mayoría de las encuestas de intención de voto e incluso el portal Real Clear Politics, que compila diversas encuestas presidenciales a lo largo de Estados Unidos, otorgó a la exprimera dama una probabilidad mayor a 95% de ganar los comicios pocas semanas antes de las elecciones de ese año.

Clinton terminó perdiendo la elección pese a que la mayoría de los estadounidenses votó por ella, precisamente porque perdió los votos del colegio electoral en estados clave considerados swing, como Florida.

De hecho, la exsecretaria de estado y exsenadora demócrata perdió pese a que obtuvo a su favor la famosa sorpresa de octubre, como se conoce a una leyenda estadounidense que afirma que el octubre anterior a los comicios presidenciales suele haber algún tipo de escándalo que termina por perjudicar a alguno de los candidatos.

Las elecciones de 2016 no fueron la excepción ya que, en octubre de ese año, a menos de un mes del día en que los estadounidense saldrían a las urnas, el diario The Washington Post publicó un video que habría demolido la carrera política de casi cualquier persona.

En el video, que formaba parte de un detrás de cámaras del programa Access Hollywood, se escucha al entonces candidato republicano hablar con el conductor de televisión Jebb Bush de forma despectiva hacia las mujeres e incluso Trump acepta que ha tocado mujeres sin su consentimiento.

Pese a la indignación que generó ese video, por el cuál el mismo Trump tuvo que pedir una disculpa –algo que no suele hacer–, el empresario convertido en político terminó derrotando a Clinton, quien semanas antes lo había vapuleado en los debates, demostrando la falta de preparación de su contrincante para obtener el cargo máximo de su país.

Ahora, es difícil pensar en otra sorpresa el próximo octubre (ante tantos escándalos en los que ha participado Trump será difícil encontrar un evento que logre indignar a su público), pero es probable que los lectores sean más cuidadosos al momento de empezar a leer las encuestas a lo largo de los próximos cinco meses.

Las fallas de las encuestas hace cuatro años harán, sin duda, más escépticos a los lectores a la hora de consumirlas, pero también impulsará a los encuestadores a hacer un trabajo más riguroso y detallado para ofrecer un mejor producto.

En el caso de México, hace dos años, así fue. Las encuestas no fallaron y prácticamente a lo largo de todo el proceso electoral dieron por favorito a Andrés Manuel López Obrador, quien terminó ganando la presidencia por un margen incluso más amplio al que se estimaba.



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